lunes, julio 17, 2006

Oficinistas

there's a starman waiting in the sky Todos ésos, toda esa gente que vivía en esas casas, todos esos malditos oficinistas que viven de ese modo, no sirven para nada. Carecen de valor, de sueños vigorosos y de enérgicos deseos, y, ¡Dios mío...! ¿para qué sirve un hombre que carezca de estas cosas sino para temblar y esconderse...? Todas las mañanas se encaminaban a su trabajo (yo los he visto a centenares) con el bocado en la boca, corriendo a todo escape para no perder el tren correspondiente a sus abonos, temerosos de ser despedidos si no llegaban a tiempo; por la tarde se volvían con el mismo paso, para que no se les enfriara la comida; luego se quedaban en sus casas por miedo a las calles solitarias; se acostaban con sus esposas, con las que se habían casado no tanto por necesitarlas, sino para que sus dinerillos les garantizaran la miserable carrera por el mundo. Se aseguraban la vida en compañías de seguros y ahorraban algunos cuartos en previsión de enfermedades. Y al llegar el domingo se dedicaban a temer la otra vida, ¡como si se hubiese hecho el infierno para los conejos...! Pues para estas gentes serán los marcianos una bendición: jaulas bonitas y espaciosas, alimento a discreción, crianza esmerada y ausencia de preocupaciones. Después de vagabundear una semana o dos por los campos con el estómago vacío, se dejarán coger alegremente. Al poco tiempo estarán satisfechos y no tardarán en preguntarse lo que hacían las gentes en el mundo antes de que los marcianos cuidaran de ellas.

La Guerra de los Mundos
H.G. Wells

2 comentarios:

eerie dijo...

Ouch!

ladrondecaballos dijo...

No me acordaba de esto y creo que he leido el libro hace ya unos años... Wells debía de ser un británico bastante malhumorado. Os habeis leido la segunda parte de la League of the Extraordinary Gentlemen? Salió hace ya tiempo y es una revisitación de la guerra de los mundos.