lunes, julio 10, 2006

Jóvenes Ocultos (The Lost Boys).


He decidido publicar un antiguo artículo que escribí sobre esta divertida película. Recomiendo a aquellos que no la hayan visto que no lean el artículo puesto que destripo completamente su final.


Siempre he pensado que lo más atractivo de ser un vampiro son los magníficos poderes de los que uno podría hacer ostentación tales como volar, invulnerabilidad a casi todas las cosas; la capacidad de hipnotizar con la mirada y la voz; transformarse en niebla o en entrañables animalillos como murciélagos, lobos y ratas. Las posibilidades que se vislumbran con semejantes dotes son pavorosas y, sobre todo, uno se percata de que si no hace el mal no es por que no quiera, sino por que no puede.



Situémonos a mediados de los años 80 en una localidad californiana, concretamente la ficticia Santa Carla, rodeados de hermosas playas, parques de atracciones y afilados acantilados y daremos con la fórmula que hallaron el director Joel Schumacher y los guionistas Jeffrey Boam, Janice Fischer y James Jeremias para crear la mítica película sobre la que hoy disertaremos (?): “The Lost Boys”, comúnmente conocida en este tolerante país llamado España como “Jóvenes Ocultos”.



El título de la película en su versión anglosajona no hace referencia a un grupo de adolescentes que no hallan su camino de vuelta a casa, sino que, al parecer, es una referencia/homenaje a los compañeros de Peter Pan que permanecerían siempre jóvenes. Los guionistas habían planteado en un principio el argumento basándolo en las peripecias de un grupo de jóvenes vampiros de 10 u 11 años, muy al estilo de “Los Goonies”, donde los hermanos Frog habían sido concebidos como integrantes de un pseudo-club de boy scouts y el personaje de Estrella era un chico. Afortunadamente Joel Schumacher odió la idea desde un primer instante y señaló que sólo haría el film si se aumentaba la edad de los protagonistas, dado que por su temática, sería mucho más interesante y sexy.



Debemos hacer hincapié en que esta fue la primera ocasión en que “los dos Coreys” (Corey Haim y Corey Feldman) hicieron aparición juntos, dando lugar posteriormente a siete colaboraciones en otras películas más o menos afortunadas. Parece ser que los jóvenes congeniaron desde un principio, forjando desde entonces una fructífera amistad que daría mucho que hablar en años venideros por su común afición a ciertas sustancias. No en vano, Corey Haim reconoció posteriormente que durante el rodaje de la cinta fue cuando fumó su primer porro.




Pero dejemos los prolegómenos y centrémonos. La historia que nos ocupa comienza con una maravillosa vista aérea desde el mar del parque de atracciones de Santa Carla, con la melodía principal de la banda sonora acompañándonos. Acto seguido, aparece ante nosotros un tiovivo entre cuyos caballitos camina David (Kiefer Sutherland), un joven socarrón con ganas de montar bronca acompañado de sus amigos, a cual más macarra y bribón. El caso es que éste se fija en una hermosa joven que disfruta apaciblemente del leve contoneo de su vehículo y, sin ningún tipo de miramientos, encaja una mano en su cara no sabemos muy bien con que intención, lo que no parece agradar al acompañante de la dama, el cual les hace saber que ella es su posesión (“!ésta es mi chica¡”) por lo que aparta a David y sus drugos, montándose una trifulca de tomo y lomo. En ese instante aparece el grueso vigilante de seguridad del parque (al parecer, sólo hay uno), quien reduce a nuestro amigo David al tiempo que echa a los gamberros del lugar...pero no quedará ahí la cosa. Horas después, cuando todo el mundo se ha marchado ya, escuchamos unas tenebrosas risas que sobrevuelan la montaña rusa buscando su objetivo entre la noche: el gargantuesco y desgraciado vigilante, quien inocentemente se encamina hacia su vehículo situado en el parking de la zona que, como no podía ser de otra manera, se halla completamente desierta. Tras una inútil carrera y en un vano intento por zafarse de sus perseguidores, el pobre hombre, al llegar a la altura del automóvil, se aferra a la puerta del conductor la cual es arrancada de cuajo y lanzada por los aires junto a su propietario, cuyos chillidos se pierden en la oscuridad junto a sus misteriosos raptores.





Cambiemos de tercio. A través de la soleada costa californiana discurre una camioneta con 3 pasajeros muy particulares. Se trata de Lucy Emerson (Dianne Wiest) junto a sus hijos Sam (Corey Haim) y Michael ( Jason Patric). Discuten alegremente sobre los carrozas gustos musicales de Lucy, hasta que llegan a Santa Carla, “capital mundial del crimen”, según reza la parte trasera de la pancarta que les da la bienvenida. Sam, que es muy perspicaz y desconfiado, percibe un extrañó olor nada más introducirse en la zona pero su bonachona madre refiere que seguramente es el mar el que hiede de tal forma. Junto a una buena versión de “People are strange” a cargo de Echo and the Bunnymen, se nos ofrece una muestra de la fauna que contiene la localidad y, a juzgar por las imágenes, nos hallamos ante la capital mundial del punk, ni Londres ni ostias: Santa Carla. Es tal la cantidad de crestas, pelos de colores e imperdibles que desfilan ante la cámara que uno duda si no estamos ante el visionado de un documental sobre la capital de la pérfida Albión en 1977, pero no, también aparecen predicadores, sucios hippies, turistas cutres y algo sumamente inquietante: carteles por doquier con fotografías de personas en paradero desconocido.





Acto seguido, la feliz familia (la madre acaba de divorciarse del padre de los chicos) llega a su destino: el rancho del abuelo, que es definido por Sam como el lugar en que filmaron “La matanza de Texas”, y pronto el viejo hace gala de su macabro sentido del humor al hacerse el muerto esperándoles en el portal de la casa. Tras una breve introducción donde se nos muestra el carácter quejica y gruñón del abuelete, empieza lo bueno.




Michael deambula por la playa colindante con el parque de atracciones. Es de noche y hay una fiesta muy animada debido a un concierto del maravilloso...Tim Cappello!!!. Pues sí, por este nombre responde el sorprendente cantante de la banda actuante que, por unos segundos, es el auténtico protagonista por que, vamos a ver, ¿alguien puede negar que esa imagen absolutamente rompedora no le haya cautivado en algún momento? El secreto reside en combinar sin ningún tipo de rubor el culturismo con el noble arte de tocar el saxo. Sí, coño, ¿por qué no? Embadurnamos nuestro musculoso cuerpo con aceite, nos ponemos unas ropas que realcen nuestra magna figura y nos colgamos un saxofón al cuerpo, al tiempo que cantamos ejecutando sensuales movimientos de cadera para excitar a las señoritas que han acudido a vernos y...todo resuelto!!!. Bien, dejando atrás a semejante sujeto, lo cierto es que los tres componentes de la familia conocen en ese instante a personajes que van a ser fundamentales para el desarrollo de la historia: Michael, que al parecer anda algo necesitado, divisa a una hermosa joven que responde a su mirada y se siente inmediatamente atraído por ella. A todo esto, Lucy husmea por la zona en busca de trabajo, lo que la lleva al videoclub de un tal Max, y Sam acaba en una tienda de cómics donde conoce a los hermanos Edgar y Allan Frog (en efecto, se trata de un homenaje al gran Edgar Allan Poe y a su relato "Hop-Frog"), dos frikis de cuidado que regentan tan noble negocio, quienes pronto hacen notar las extravagantes (acojonantes diría un servidor) ropas del pequeño de los Emerson, al tiempo que le recomiendan un inquietante cómic sobre vampiros. Por cierto, no podemos abandonar este pasaje sin hacer referencia al increíble mullet que luce Corey Feldman (Edgar Frog), quien, sin duda, se estaba haciendo ya un hombrecillo de provecho por aquel entonces (?). Tras un cambio de plano y para finalizar la escena, vemos que el sujeto que al principio de la película había mantenido una trifulca con David y sus colegas es absorbido junto a su novia por extrañas fuerzas del mismo modo que el orondo vigilante del parque, es decir en el interior de su coche en el parking.




Bien. Volvamos al parque de atracciones. Michael se siente rebelde y adquiere una chupa de cuero, al tiempo que se plantea ponerse un pendiente, cuando es asaltado por la muchacha de la otra noche. Se trata de Estrella (Jami Gertz), quien tras una breve charla conduce a nuestro amigo hasta el mismísimo David y sus colegas. Pronto se palpa la rivalidad entre ambos jóvenes (¿a ver quien la tiene más larga?) y se retan a una carrera en motocicleta, que era el modo más habitual de expender testosterona en la bendita década de los ochenta. Todo ello les conduce a la guarida de los moteros y da lugar a una divertida y trascendental escena donde estos últimos juegan con Michael haciéndole creer que engulle gusanos y lombrices en lugar de carne de emigrante muerto, esto...de rica comida china, quería decir. A continuación beben de una misteriosa botella que al parecer contiene vino, lo cual es muy celebrado por las huestes hard-rockeras de David, y acaban llevando a Michael Emerson a jugar peligrosamente con las vías de un tren y a saltar al vacío (¿vías de tren? ¿Kiefer Sutherland? ¿Década de los 80?, hmmm, huelo a “Stand by me”).




Comienzan los sucesos extraños. Al día siguiente, la familia Emerson amanece feliz: todo parece funcionar bien. Excepto Michael. Últimamente anda más chulo que nadie y se pasea por la casa con gafas de sol y un pendiente de reciente adquisición y, claro, con semejante pinta sólo puede dar problemas. Mientras Sam se da un baño y hace juegos con la espuma (curioso, debe ser de los pocos adolescentes de 15 años que no se la casca en la bañera) su hermano mayor irrumpe en el cuarto de baño con malas intenciones pero Nanook (el perro de Sam) lo ve venir y fielmente protege a su amo. Esto da lugar a que los dos hermanos discutan hasta que se percatan de que Michael sólo se refleja a medias en un espejo: se está convirtiendo en vampiro!!!. Asustado, el pequeño se encierra en su habitación y el primogénito, muy cansado de la fiesta del día anterior, se retira a dormir. Pero algo nada mal, se despierta con su nariz aplastada en el techo y es que en ese mismo instante está volando! el pobre aun no domina sus desconocidos poderes por lo que se abre paso como puede hasta la ventana desde donde sale al exterior, y aparece a la vista de su hermano (parodia inconfesable de la mítica escena de la serie de “El misterio de Salem´s Lot”) el cual totalmente acojonado llama a la madre y se monta un pitote de padre y muy señor mío. Finalmente la cosa acaba en ligera regañina de la progenitora al pequeño y ya está.




Algo raro le está pasando a Michael, quien presto acude a la guarida de David y cía para pedir explicaciones, pero en vez de hallar a estos se encuentra a una Estrella en celo quien no tarda ni dos segundos en seducir a nuestro amigo y llevárselo a la piltra para cabalgarlo. Mientras, Sam, que es muy inteligente, sospecha que todo comenzó cuando su madre empezó a trabajar en el videoclub de Max, por lo que compartiendo su punto de vista con los entrañables hermanos Frog deciden desenmascarar al sujeto en cuestión. Todo ello da lugar a una cómica escena donde se humilla sin descanso al pobre hombre mojando sus cojones con agua helada, haciéndole ingerir cantidades indecentes de ajo y asustándole con su propia visión en un espejo (sí, admitámoslo, es jodidamente feo el muy cerdo). Pero no, todo es erróneo, Max es lo que aparenta: un pringado que se quiere follar a mamá y punto. A todo esto, llegó la hora de la verdad para Michael, el cual por fin se encuentra con David y le pregunta acerca de sus extrañas sensaciones (No. No ha descubierto una nueva sexualidad). Todos juntos se acercan a una playera fiesta donde suena la inmortal “Walk this way” de RUN DMC y Aerosmith, y allí tras una breve perorata, David y sus chicos se descubren como lo que son: jóvenes y sanguinarios vampiros que no dejan títere con cabeza (por cierto, debemos añadir que el sujeto del inicio de la película, el macarra del mechón blanco que supuestamente había sido ajusticiado junto a su novia en el parking, vuelve a hacer incomprensiblemente acto de presencia, para ser reasesinado de nuevo). Y así Michael descubre que es un vampiro y que todo lo acontecido no se debía a un cambio hormonal sino a su transformación en Señor de la Noche (sí, Batman también lo es, por supuesto). Nunca morirá y tampoco envejecerá, sin embargo, tal y como señala David, debe comer para mantenerse fuerte (de ahí los magníficos poderes a que me refería al inicio de este escrito).




Llegó el momento. Tras una fugaz visita de Estrella a la casa familiar, Michael es informado de que su conversión vampírica no será completa hasta que infecte a su primera víctima, así como que si el jefe de los chupasangres muere, recuperará su condición humana. Rápidamente una expedición con los intrépidos hermanos Frog se encamina hacía el santuario vampírico con el fin de acabar con ellos, y tras buscar los ataúdes donde puedan conciliar su sueño los peculiares Nosferatus se encuentran con una gran cripta que hace las veces de gigantesco féretro. Allí dan buena cuenta de Marco, el vampiro con el peinado más horroroso que uno haya podido contemplar en la historia del cine (con el permiso del gran Blácula, acerca del cual algún día se perpetrará un artículo en esta humilde página), y ello les acarrea la cólera de David (coño, esto tiene reminiscencias bíblicas!!!), quien con su mirada circunspecta parece disfrutar de los futuros tormentos a los que someterá a nuestros amigos.




Está claro que los vampiros clamarán venganza por semejante afrenta, por lo que nuestros chicos se preparan para una singular acometida en el hogar de los Emerson: no importa que David y sus “partners” jamás hayan estado o sido invitados al antedicho lar y, por tanto, puedan entrar en éste. No hay problema, el guión se salta una de las reglas de oro de la mitología vampírica y nos prepara para una batalla de dimensiones hercúleas. Pistolas con agua bendita, bañeras repletas de agua con ajos, arcos y flechas componen el arsenal con el que nuestros héroes esperan a los Habitantes de la Oscuridad. Cual vulgares Santa Claus, los vampiros se cuelan por la chimenea dando lugar a una serie de singulares duelos. Así, el vampiro moreno se enfrenta a Sam en el salón de la casa, siendo ensartado con una flecha a la radio y muriendo electrocutado (ejem! Que nosotros sepamos, el estomago y la electricidad no deberían suponer problema para un chupasangre, pero como la escena está bien no rechistaremos). A su vez, los pintorescos Frog se enfrentan al vampiro rubio en el baño de la casa y, con la ayuda de Nanook, lo introducen en una bañera repleta de agua bendita y ajos, muriendo éste y dando lugar a un fenómeno realmente curioso: al parecer, algo así como el espíritu del sujeto se introduce en las cañerías de la casa y se expande por ellas, siendo expelido en todos los desagües como una desagradable mezcla acuosa-sanguinolenta que deja el hogar hecho unos zorros. Por último, el duelo más espectacular debía estar reservado para los gallitos del corral: Michael y David. Así, ambos vuelven a poner a prueba sus respectivas virilidades en duelo, finalizando con el consecuente (por aquello del guión) ensartamiento de David en unos cuernos de reno.





Pero, algo ocurre: Michael sigue siendo un vampiro a pesar de que el “teórico” jefe ha muerto. Acto seguido Lucy y Max llegan a la casa y se encuentran con el tremendo desbarajuste que ha sufrido esta. Pero Max tiene una explicación ante el enfado de su amada. Sus chicos no se han portado bien. En efecto, este resulta ser el jefe de los vampiros quien, astutamente, ha tratado desde el principio de introducir a Michael en la hermandad y así tener la excusa ideal para embaucar a Lucy y Sam. Cuando todo parece estar perdido y la Sra. Emerson está a punto de sucumbir en sus pestilentes fauces, hace acto de presencia el abuelo, quien con un vehículo que debe ser cercano a un tanque por su potencia destructiva irrumpe en la estancia clavando un pedazo de madera de la pared en forma de estaca gigante en el cuerpo de Max y acabando de esta forma con el Príncipe de la Oscuridad. Todo se arregla y Michael, Estrella y Lady (una niña vampirizada que pinta poco en el meollo) vuelven a la normalidad. Frente al jolgorio general, el héroe de la noche, el abuelo, se desentiende de todo y se dirige a la cocina para tomar su refresco favorito. Pero esta indiferencia no pasa desapercibida para su hija Lucy, quien le pregunta si se encuentra bien, a lo que el viejo responde: “hay sólo una cosa de Santa Carla que nunca he podido aguantar. A esos malditos vampiros”. Y ahí está la broma final, resulta que el puto fósil siempre había sabido lo de los chupasangres y se lo había ocultado a su familia quien felizmente había venido a vivir al lugar.



Cabe decir como curiosidad final que la película acababa en el guión inicial con los vampiros supervivientes reagrupados en su guarida y con la estampa de un mural datado en 1900, que contenía la imagen de Max exactamente igual de joven que en la época en que transcurre la acción, aunque, lamentablemente para quien suscribe estas líneas, no llegó a filmarse.



Y aquí termina este homenaje a una película clásica de la década de los 80 de la que, sin duda, es completamente recomendable su visionado actual por muy desfasadas que estén sus ropas o actitudes. No olvidéis cerrar esta noche bien vuestras ventanas así como poned una buena ristra de ajos alrededor de vuestro cuello para dormir.

13 comentarios:

ladrondecaballos dijo...

Precisamente me la he bajado hace un par de semanas... es una de las grandes peliculas 80teras. Lo que m'as me mola es ver a Jack Bauer por ah'i.

PablitoBrigante dijo...

Sí, estoy teniendo problemas con subir las imágenes que tenía preparadas, por eso sólo aparece esta.

eerie dijo...

Todavía tengo por ahí una cinta con la banda sonora de esta peli, y todavía me gusta.

javistone dijo...

Yo me la compré hace poco. Ahora me cuesta ver como ensartan con una viga al abuelo gilmore,pero está genial.

Anónimo dijo...

Quien es jim Capello?

PablitoBrigante dijo...

Tim Capello es el saxofonista musculoso que aparece en el concierto de la playa al principio de la película

Anónimo dijo...

que cancion canta Sam, mientras se da el baño ?

Anónimo dijo...

POR FAVOR!!! ESTOY BUSCANDO LA CANCIÓN QEU CANTA SAM EN LA BAÑERA Y NO LA CONSIGO!!
ALGUIEN LA CONOCE?
COMO SE LLAMA?
esta peli es una de las muchas de mi infancia, la habré visto más de 20 veces

Anónimo dijo...

esta es la canción que canta Sam en la bañera;D jajajjajajaj
http://www.youtube.com/watch?v=7fC0g6zhj50&feature=fvw

Casino Software dijo...

Perhaps, I shall agree with your opinion

Anónimo dijo...

A mi también me gustaría saber que canción canta Sam en la bañera. Esa que dice algo así como, "No tengo casa, no tengo novia, Soy un chico solitario"...A ver si alquien me puede poner su título original e intérprete, supongo que será en inglés, o un enlace activo de youtube...Lo agradecería mucho

CRISTINA GÓMEZ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
CRISTINA GÓMEZ dijo...

Hola este es el nombre de la canción "Aint Got No Home", de Clarence Frogman Henry

Aquí te dejo un enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=orTCHG8cMQo

q la disfrutes!!